lunes, 12 de junio de 2017

El rumbo de la nación


La piel de toro peninsular con vestigios de la época colonial tiene una dirección de avance permanente: cara al sol y dando la espalda a occidente. Aunque diversos capitanes han intentado darle un rumbo distinto siempre ha seguido en la misma dirección y se prevee que así sea hasta que el sol se esfume en su último fulgor y se convierta en una estrella de poca magnitud incapaz de darnos el calor que necesitamos para seguir generando vida.

Así que ¿realmente es posible poner un nuevo rumbo? O simplemente trazarlo y dejar que la tierra siga su curso, como se ha venido haciendo hasta ahora. Pese a nuestro intrigante bipartidismo con repuntes de partidos autonómicos la trayectoria nos conduce a un desastre inevitble y de proporciones cósmicas.

Pero todos cantamos para espantar nuestros males. Nuestro carácter hidalgo y de buena disposición nos permite soportar con estoicamente los rigores del clima económico mientras la nave avanza hacia el desastre. La amenaza viene del sur, del norte y del este.

El sur nos amenaza con una presión demográfica fruto de la necesidad. El norte nos amenaza con controlar nuestra industria y nuestra economía. El oeste nos amenaza con imponer su estilo de vida y escala de valores.

¿Acaso nos guían como única escapatoria hacia el este, hacia tierras que desean un nuevo orden mundial?

Quizá un día encontremos un capitán merecedor de nuestra admiración, que trace un rumbo propio que inspire a que los capitanes de los barcos vecinos nos sigan la estela...

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