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sábado, 1 de septiembre de 2012

Próceres denostados (I)

ILDEFONS CERDÀ


Su obra

Este burgués con nombre de plaza tiene el dudoso mérito de ser un urbanista visionario y avanzado para su tiempo.

A mediados del sXIX, cuando el crecimiento irregular de los vulgos intramuros había sobrepasado la capacidad salubre del recinto amurallado y con la recuperación romántica de la memoria histórica según la cual Nerón y sus reformas urbanísticas eran un mal modelo a seguir, las diversas ciudades europeas se modernizaban y crecían amorfas. Entonces llegó él, arrojando una luz nueva sobre las viejas costumbres e incorporando adelantos modernos.

La derrotada Barcelona pro-catalanista se vio en la necesidad de un plan urbanístico y eligió el que actualmente constituye su principal característica. Ildefons Cerdà diseñó con precisión ingenieril una cuadrícula de manzanas separadas por grandes calles para dar luz a las viviendas y hacer posible una ciudad con coches. Creyó que el tren debía ir bajo tierra, aún cuando no se llamaba metro, e hizo previsión para saneamientos, conducciones eléctricas, gas, agua corriente e iluminado público.

Sus manzanas achaflanadas dan más luz y amplitud a la ciudad, a la vez que permiten aligerar el tráfico que se origina de manera natural en las esquinas cuando cambian los semáforos.

Y porque un ingeniero comprende la naturaleza: algunas calles respetan torrentes naturales.
Y porque un ingeniero respeta la tradición: también conservó antiguos caminos de acceso a la ciudad.


Su premio

Por todos estos méritos, fue abucheado por la burguesía. Se le demonizó como nacionalista anticatalán y se le marginó social y profesionalmente. Los arquitectos contra los que compitió, envidiosos de la adjudicación, proclamaron a los cuatro vientos la infamia de que un ingeniero hiciera planes urbanísticos (y eso que un arquitecto no posee el arte suficiente como para hacerlos él mismo). La conjura de los envidiosos sumió a este pequeño friki, con talento pero con pocas dotes sociales, al ostracismo y a los honorarios impagados.

Aún hoy en día se burla el consistorio del plan, democratizando el espacio público para poner de nuevo a los transportes mata-Gaudí a nivel de calle y no enterrados.

Así murió este célebre burgués, denostado, arruinado y cornudo para más INRI. Calzonazos como él solo, que reconoció a su hija bastarda como propia. Y por eso le tenemos siempre en la memoria: para promocionar Barcelona de cara al turismo.