lunes, 22 de marzo de 2010

...es fea y no la quiere nadie

No hay como entrar, tras haberse levantado a una hora muy temprana, a un avión recién aterrizado o sacado del hangar que huele a moro sudor añejo. Es una de esas cosas que devuelven a la gente a la realidad con una bofetada seca. Por mucho que se esfuerce la tripulación en ventilar con el aire acondicionado, no hace lo que se debería hacer, y es limpiar la tapicería de polipiel. Ante la impotencia que supone no poder abrir las ventanas, se cae en la cuenta que la clase turista antes era la tercera clase y que los vuelos pueden ser de bajo coste pero al final todo se paga en esta vida. Y la fetidez, al fin y al cabo, no es mal sedante y se despierta en el destino con las rodillas amoratadas debido a las estrecheces*.

(*) Estrecheces: Del castellano antiguo estrecho y heces,
que viene a significar que en esta mierda de sitio, no se cabe.

El respeto a la propiedad privada cada vez es más difícil de encontrar. Quien viaje y facture su maleta deberá tomar una serie de precauciones básicas para que nadie vacíe parte de su contenido: ¿envoltura de celofán o cierre de 3 números?. Hay que olvidar que la maleta es una propiedad en sí. Las cintas transportadoras las aporrean sistemáticamente porque no tienen corazón. Los empleados, que las tiran con desdén al carro transportador y a la cinta transportadora, tampoco. Si no fuera ilegal, lo habría filmado o fotografiado. Pero... seguro que algún degenerado ya lo ha hecho y se puede encontrar en internet.


Exacto. En internet tenía que estar.

De qué otra manera puede ser. Es más importante aumentar el número de usuarios que su confort. Otro aeropuerto con una terminal nueva: Málaga. Aunque se facture rozando la hora límite, aún no se sabe en qué puerta sale. Tanto el billete como el monitor ponen "Puerta D". Pero hay unas 74 puertas y no tantas ganas de caminar, pese a lo bien indicadas que están cada una de ellas. El avión de transporte de ganado llega 25 minutos tarde, se tardan 15 en embarcar y 5 por causas ajenas a la empresa. Una vez en el aire y sin posibilidad de escapar el piloto explica por megafonía que el vuelo ha salido con 45 minutos de retraso porque la mayoría de los pasajeros ha optado por no facturar su equipaje de mano. Con lo cual, se ha tenido que bajar esas maletas a la bodega y asegurarlas, lo cual ha tomado muchísimo tiempo y por esta razón el vuelo ha perdido su slot. Es decir, su hora de vuelo asignada. Pese a todo y debido a la pericia del piloto, el avión aterrizaría con sólo 30 minutos de retraso.

Nadie protesta. Una azafata sonríe al pasar (la novata). Otra azafata fuerza los labios en una mueca que intenta ser amable (la modelo frustrada). Iceland Express es la única compañía aérea que conozco que mantiene en nómina azafatas de más de 40 años. Falta saber qué es de una azafata al final de su vida útil, en el resto de compañías aéreas.

  • Pasajeros terriblemente desaseados.
  • Pasajeros condicionados por la seguridad.
  • Diseños de asientos para hobbits.
  • Personal de tierra en vías de reincidencia.
  • Poco espacio para equipaje de mano.
  • Piloto sin margen de tiempo.
  • Azafatas amargadas.
  • Víctima y verdugo.

¿Quién tiene la culpa?
La culpa es fea y no la quiere nadie.