lunes, 25 de mayo de 2009

El drama del sector terciario

Indefensión es la palabra que a veces cruza por la mente de cualquier pobre consumidor elegido al azar. ¿Qué hacer cuando adquirimos un servicio que no cumple nuestras expectativas? O peor aún, ¿cuando no cumple los requisitos que anuncian?
Los indefensos afectados adoptan diferentes actitudes que se alinean desde la violencia física hasta la ataraxia. Por este motivo muchas grandes empresas (prescindiendo de la palabra corporación, que puede teñir este texto de rojo) ponen como atención al consumidor gente de mirada bovina, mal pagada y que repite estoicamente un guión de excusas pre-elaboradas por un psicólogo. No es de extrañar que todo esta gama de actitudes que permiten al ser humano interaccionar socialmente, acaben siendo domesticadas y encarriladas hasta el encogimiento de hombros.



¿Por qué un ADSL de 1Mb permite bajar archivos a 2,12 kB/s?


Ciertos servicios son en cierta manera imprescindibles, ni que sea socialmente y hay muy poca oferta. Dejando a un lado los precios, hasta qué punto es posible la negociación con un proveedor cuando no hay muchos más disponibles. Sumémoslo a un mecanismo de reclamación imposible.


¿De qué se ríe esta señorita? ¿Ha comprado un antivirus que no le elimina los troyanos como yo? Quizá hubiera debido comprar un anti-troyanos.

Se puede llevar a juicio al casero por no reparar el termo de agua caliente siempre que se esté dispuesto a sufrir duchas de agua fría durante tres años. Se puede reclamar el importe de la reparación de un coche si no importa tenerlo en el taller hasta la resolución. Se puede reclamar el importe de un vuelo cancelado al principio de las vacaciones y tratar de coger otro vuelo que ya está lleno. No siempre parece posible reclamar nuestros derechos.

¿Y a quién reclamaré si el propietario del alojamiento de este blog decide dejar de ofrecer el servicio o cambiar las condiciones para cobrar a costa de mis opiniones?