martes, 29 de marzo de 2011

Envíame una señal

¿Todo es progreso, movimiento, velocidad: tener algo mejor, no estancarse, apresurarse?

Pues en una pequeña tierra, no.
Justo en el momento en el que más se necesita, levantamos el pedal del acelerador, la aguja del velocímetro cae imperceptiblemente y el mundo pasa a ser un lugar menos borroso, menos ventoso, más tranquilo y sereno.

Al parón hace tiempo que se veía venir.
Por suerte, tenemos muchos bancos en los que apoyarnos.
Pero... ¡ay! vemos ahora el disco de Operación Triunfo a ambos lados de la autopista. La novedad: límite de velocidad binario.
El 6.

Auguraban los expertos la escasez premeditada del aceite de roca.
Profetizaban los fanáticos un mundo devastado por la radiación solar, agujeros en el cielo y las tienieblas de un centenar de años.
y el Gran Titiritero, de avisesas y ocultas intenciones felonas se hace eco de las voces exaltadas, dictando una nueva ley: La ley del 6.
Así a su son bailamos las marionetas, unas tristes, otras alegres, algunas ignorantes y otras bien conscientes del lugar que ocupamos en el teatro de la vida.

Codeándose jocoso con el Gran Titiritero, las concesionarias de las autopistas respiran aliviadas; Menos velocidad es menos desgaste. La reducción de costes de mantenimiento es su beneficio.

Queda por ver cómo quedan las carreteras nacionales, con su modesta ley del 5. ¿Pasarán al 90? ¿Y las comarcales al 70?
Como en Francia cuando llueve.
¿Y qué será de la sexta marcha? Muchos coches ya no podrán usarla.

Será tu marcha fúnebre.
Adiós.
Te echarán de menos, incluso aquellos que te ignoraban.
Adiós.
Hasta la próxima legislatura.